sabato 2 agosto 2008

Traducción del discurso de Pierre Gadonneix en la Asamblea Ejecutiva del Consejo Mundial de
la Energía realizada en Tallin el 6 de septiembre de 2006

Un Consejo Mundial de la Energía comprometido y abierto

Señor Presidente, señoras y señores, queridos amigos:

Antes que nada, quisiera agradecerles vuestra confianza. Es para mí un gran honor
presidir, a partir del Congreso de Roma, el Consejo Mundial de la Energía.

Mi pertenencia ya prolongada a la familia del CME me ha dado la oportunidad de
trabajar con muchos presidentes; es una suerte que deseo agradecer, en particular a
mi amigo André Caillé.

Todos aquí formamos una comunidad excepcional, mundial, no comercial, no
gubernamental, una comunidad representativa de nuestro sector en toda su
diversidad. Esta diversidad constituye, en mi opinión, una gran riqueza. Mucho más
cuanto que sabemos superarla, creando una visión común para un desarrollo
energético duradero. Nuestro mensaje “Promover la provisión y el uso sustentable de
la energía para el mayor bienestar de todos” tiene real vigencia. Resalta nuestra
conciencia común de pertenecer a una profesión única, vital para el desarrollo de las
sociedades humanas. Nuestro triple objetivo –accesibilidad, disponibilidad,
aceptabilidad- sigue estando vigente.

El acceso a la energía, en particular, sigue siendo un gran desafío: ¿podemos hablar
de desarrollo sustentable cuando casi dos mil millones de seres humanos carecen de
acceso a formas modernas de energía?

Tenemos grandes desafíos por delante.

Quisiera aquí exponer
- cuál es, en mi opinión, el nuevo contexto energético,
- cuáles me parece que son las condiciones necesarias para enfrentarlo, y
- cómo puede contribuir el CME.

1. Nos enfrentamos a un contexto energético completamente nuevo

1.1 La causa es el crecimiento exponencial de las necesidades energéticas
mundiales

De los 6.000 millones actuales, la población mundial crecerá a 9.000 millones en 2050.

Sabemos quiénes albergarán la mayor parte de esos 3.000 millones de seres
humanos adicionales: los países en desarrollo. Países que ya agrupan más de tres
cuartos de la población mundial, pero que no consumen más que el 40% de la energía
primaria y el 30% de la electricidad. Países donde se encuentran, esencialmente, los
dos mil millones de seres humanos que carecen de acceso a una forma de energía
moderna. ¿Qué pasará mañana cuando su población haya aumentado casi un 70%?
Subsanar este retraso, aunque sea en parte, con esta población suplementaria va a
suscitar necesidades gigantescas.

A esta evolución cuantitativa se suma una evolución cualitativa. Sobre todo en las
ciudades la demografía va a crecer, engendrando nuevas megalópolis. Esto podrá
facilitar el acceso a la energía. Pero será necesario asegurarse de que se logre por los
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medios menos contaminantes, compatibles con las exigencias del medioambiente
urbano.

A esto agrego que la demanda de los países industrializados, que ya es muy elevada,
también sigue creciendo, aunque a un ritmo más lento, pero en forma continua.

Todas nuestras industrias se encuentran así en el umbral de gigantescas inversiones
para renovar las antiguas instalaciones obsoletas y sobre todo para construir nuevas
instalaciones a fin de ajustar la oferta a la demanda.

Sólo en el sector de la electricidad, que es el que conozco mejor, va a ser necesario
construir, en los próximos veinticinco años, 600 GW en Europa, 850 GW en América
del Norte, 800 GW en la China. Para Europa únicamente, esos equipos van a
representar una inversión de 1.000 millones de euros.

Lo mismo se aplica para la industria del petróleo, del gas, del transporte y de la
transformación del carbón.

Estas necesidades de equipos generan necesidades de capital y estimulan aún más el
aumento de los precios provocado por la escasez.

1.2 Ciertamente, frente a estas necesidades, la opinión toma conciencia de que
la energía se convierte en un bien escaso y de valor inestimable
Y esto es lo que revoluciona el paisaje energético. Los precios del petróleo se
dispararon, seguidos por los del gas. Esto en un mundo donde más del 80% de la
energía mundial depende de las energías fósiles y donde éstas serán llamadas, en las
próximas décadas, a cubrir lo esencial de la enorme alza de la demanda.

Este fenómeno sensibiliza las opiniones y alerta a los poderes públicos. El asunto del
aprovisionamiento energético se convierte en un asunto crucial.

Los apagones, las capacidades insuficientes de los gasoductos en ciertas regiones
nos recuerdan regularmente nuestra vulnerabilidad.

Todos anticipan los riesgos, y el temor de la escasez que se apodera de nuestras
economías alimenta movimientos especulativos, amplificando el impacto de la escasez
sobre los precios. Estamos ávidos de energía y tenemos miedo de la escasez.

Por lo tanto nos enfrentamos a una situación inédita. Para los países más ricos, los
tiempos de relativo control, en los que no necesitábamos invertir en forma masiva, en
que podíamos vivir de las inversiones del pasado y ofrecer una energía relativamente
barata, definitivamente han quedado en el pasado. Ante nosotros se nos presenta una
era de energía escasa, una era de energía de valor inestimable, una era de inversión
energética masiva.

1.3 El desafío medioambiental impone limitaciones adicionales
En efecto, el crecimiento de los consumos da vértigo a los especialistas del clima. Y
no podemos olvidar que la energía es el origen del 80% de las emisiones de dióxido
de carbono y del 35% de las de metano.

Las contaminaciones locales son toleradas cada vez menos. Transformación o
utilización de combustibles, residuos nucleares, impacto de las líneas o de las turbinas
eólicas: ninguna energía se salva. En ciertas ciudades, la cuestión de la calidad del
aire es cada vez más urgente.

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El acceso al agua, que nosotros utilizamos en gran cantidad, entra dentro de las
preocupaciones medioambientales. El riesgo de escasez es real, dado que su uso
crece dos veces más rápido que la población, a un ritmo de 10-12% cada diez años.
¿Esto nos llevará hacia las guerras por el agua? Este problema es tanto o más grave
puesto que el ciclo natural podrá verse afectado por el cambio climático. Ya estamos
viendo una mayor competencia entre los usuarios de agua.

La consideración de estas restricciones medioambientales puede encarecer aún más
el costo de la energía: los equipos de desulfuración, de eliminación de polvo, de
desnitrificación, la lucha contra la contaminación sonora, visual u olfativa tienen
forzosamente un costo.

Debemos medir esta verdadera revolución, no para quejarnos, sino para actuar.

2. ¿Qué soluciones debemos explorar para enfrentar esta situación?
Las respuestas son necesariamente complejas. Dependen de nuestras iniciativas.
Requieren también un entorno institucional y compromisos políticos favorables, si
queremos una energía accesible a un precio razonable.

2.1 ¿Qué iniciativas debemos tomar?

2.1.1 Primero debemos mejorar la eficacia energética
Frente al crecimiento de las necesidades, una de las respuestas más evidentes
consiste en utilizar mejor la energía. La eficacia energética es una opción de “ganar-
ganar” que está en conformidad con todos los objetivos del Consejo.

Se identifican potenciales, tanto para la producción como para el consumo. Mejorar el
rendimiento de las centrales eléctricas existentes permitiría economizar combustible,
reducir las emisiones de CO2 y disminuir las necesidades de inversión de 80.000
millones de US$ por año, según el cálculo del mismo CME. En las viviendas, es
posible reducir un 40% el consumo de energía por metro cuadrado, a un costo
razonable, basándonos en soluciones arquitectónicas y de equipos.

2.1.2 Luego, debemos ampliar y diversificar la matriz energética mundial
Debemos asumir una visión a muy largo plazo. Aquí, todos estamos habituados a este
ejercicio. Desde la prospección de un yacimiento de hidrocarburos, desde la
concepción de una central nuclear, programamos su duración de vida y prevemos su
cierre, a veces casi un siglo más tarde.

Recordemos que los hidrocarburos no han suplantado al carbón, sino que se han
sumado a su crecimiento. Aún van a surgir nuevos recursos. Vamos a tener necesidad
de todas las fuentes de energía y deberíamos dar prioridad a las soluciones libres de
emisiones de CO2 o con emisiones mínimas.

A muy largo plazo, incluso si no está todo dicho sobre los recursos de petróleo y gas,
incluso si los avances técnicos van a ayudarnos a prolongar la vida de los yacimientos,
su creciente costo, asociado a la limitación climática, exigirá que se los use de mejor
manera.

Desde este punto de vista, será necesario mantener abiertas todas las opciones:
no se debe idolatrar o demonizar ninguna tecnología.

El carbón, abundante, bien repartido, debería recuperar el interés, pero deberá
apoyarse en las tecnologías de carbón limpio: la captura-secuestro de CO2 ofrece una
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vía promisoria. Será necesario fortalecerlas desde el punto de vista técnico y
económico y velar por su aceptación por parte de la opinión pública.

Debemos contribuir al desarrollo y a la promoción de las energías renovables: la
hidráulica, la eólica, la geotérmica, la solar fotovoltaica y la térmica, los biocarburantes
y los biocombustibles. La gama es amplia y los márgenes de crecimiento son
considerables.

Debemos desarrollar el uso de la energía nuclear. Desde la óptica de una
diversificación de la matriz energética, me parece ineludible. Ya que ella es la única
que combina la seguridad de suministro, la inocuidad climática y una gran capacidad
de potencia. Cuanto mayor sea su aceptación, mayores serán las posibilidades de
asegurar su desarrollo. Para ello será necesario discutir el tema y avanzar sobre la
armonización de las reglas de seguridad y sobre la cuestión de los residuos nucleares.

Deberían desarrollarse las tecnologías descentralizadas y nos corresponde contribuir a
esta evolución. Las investigaciones sobre las viviendas productoras de energía son
dignas de interés.

Para garantizar la seguridad de suministro vamos a invertir masivamente en
infraestructura: terminales de gas, gasoductos, oleoductos, instalaciones portuarias,
centrales eléctricas.

Más que nunca deberemos pensar a largo plazo e invertir en I+D. También debemos
cooperar más a fin de no dispersar nuestros esfuerzos.

Confío en nuestra determinación.

2.2 Pero hace falta un marco regulatorio favorable
Los mecanismos de mercado han demostrado su valor. Son una herramienta útil de
asignación de recursos y todos nosotros compartimos el deseo de verlos
generalizados.

Pero un mercado no es una jungla. Debe estar organizado, regido por reglas
transparentes y legibles, que ofrecen visibilidad a los actores durante el tiempo que la
necesitan.

Esta transparencia y esta estabilidad son mucho más necesarias cuando debemos
atraer a los inversores para realizar las gigantescas inversiones que tenemos por
delante. Estos inversores sólo apoyarán dichos proyectos, de largo plazo, si se
benefician con una suficiente rentabilidad, seguridad y visibilidad.

2.3 Se plantea entonces la cuestión del rol de los poderes públicos
Esta cuestión se plantea en varios ámbitos. Aquí señalaré dos de ellos.

2.3.1 El primero es el ámbito nacional
Para cada país, la matriz energética depende de su tamaño, de su historia, de su nivel
de desarrollo, de su cultura, de sus recursos naturales y humanos.

En función del nivel de desarrollo, los arbitrajes entre el mercado y la intervención de
los poderes públicos pueden variar, especialmente para favorecer el acceso de las
poblaciones a los usos modernos de la energía.

Se impone entonces un enfoque pragmático, lejos de toda posición ideológica. Una
solución eficaz en un país no lo es necesariamente en otro.


Pero, sobre todo, hay que fomentar el apoyo de los poderes públicos a la
investigación, a la inversión a largo plazo, a la orientación de la elección de los actores
en favor de soluciones prometedoras a largo plazo.

2.3.2 Una mejor gobernanza internacional de la energía es igualmente deseable
Dado que la cuestión energética es mundial, también lo son las respuestas aportadas;
el Congreso de Roma destacará esta dimensión. En este sentido, los acuerdos
internacionales para la cooperación o el medio ambiente, por ejemplo, y las
orientaciones dadas a los organismos internacionales tienen un rol determinante.

En efecto, existen divergencias de enfoque. En cuanto a la lucha contra el efecto
invernadero, por ejemplo, algunos han firmado el Protocolo de Kyoto, otros privilegian
otros enfoques. Estoy convencido de que estas opciones -combinación de voluntad
política, de herramientas económicas, de cooperación industrial y de mayores
esfuerzos de I+D- no son incompatibles. Por el contrario, se complementan bien en
muchos aspectos.

2.3.3 En una palabra, hay que saber elegir el alcance geográfico más eficaz
para la acción de los poderes públicos
En el pasado, muy a menudo era la nación. Pero el alcance que mejor se adapta
puede ser reducido e involucrar a colectividades locales: cuando los asuntos
medioambientales son locales, por ejemplo. Puede corresponder a espacios más
amplios donde la cooperación tiene más sentido porque es más eficaz: no olvidemos
que Europa ha sido construida, particularmente, sobre comunidades de carbón y
energía atómica. Mañana Europa puede y debe ser un terreno favorable para una
política europea con un mercado abierto.

Esfuerzo de las empresas, estabilidad del marco institucional, intervención equilibrada
de los poderes públicos: todo nos invita a reforzar el espíritu de cooperación
iluminando los debates. Por mi parte, me esforzaré por desarrollar aún más el diálogo
con los poderes públicos y las instancias internacionales y por establecerlo a largo
plazo.

Y lo haré con más entusiasmo porque estoy convencido de que el CME jugará un
importante rol en el futuro.

3. Sí, en este contexto, el CME está llamado a jugar un rol más importante.
Los desafíos son conocidos y compartidos. También lo son muchas de las soluciones.
Entonces, ¿por qué ciertas soluciones, aunque realistas, no han sido implementadas?
¿Falta información, el consenso es insuficiente o somos reticentes frente a opiniones a
veces poco racionales?

Plantearnos esta cuestión es subrayar el sentido y la importancia de la acción del
Consejo Mundial de la Energía. El CME debe afirmarse como un contribuyente clave
del debate energético. Tenemos un gran rol que jugar: el de semillero de ideas para un
desarrollo energético sustentable.

Hay tres ejes que me parecen esenciales.

3.1 El primero es confirmarnos como fuente de experiencia
Al igual que en el pasado, llevaremos a cabo estudios y programas cuya calidad está
garantizada por nuestra diversidad. Para ser pertinentes, estos estudios pueden a
veces situarse en un horizonte de cincuenta años, como en los Escenarios que
desarrollamos. Para los industriales que edifican diques que durarán un siglo, que

explotan yacimientos que podrán durar tanto o más, este horizonte no tiene nada de
excesivo.

Deberemos involucrar más a los miembros de los comités nacionales: dirigentes o
expertos de empresas, encargados de tomar decisiones en la administración,
universitarios, profesores e investigadores.

3.2 El segundo eje es ser un lugar abierto y tranquilo para compartir la
experiencia y para fomentar el diálogo
Nuestros respectivos países ponen en práctica diversas soluciones para los problemas
del medio ambiente y la seguridad de suministro. Le corresponde al CME ser un lugar
de debate sobre las opciones aceptadas, un lugar de debate entre actores
responsables, más allá de las actitudes partidistas y de las posturas políticas. Ese
debate, si se realiza en un ambiente de respeto mutuo y profesionalismo, no puede
más que ayudar a nuestros conciudadanos a fundar su opinión de manera racional.

En un mundo más complejo, la evolución de las opciones energéticas no depende
únicamente de nosotros. Para profundizar nuestra reflexión y enriquecer nuestras
respuestas, desarrollemos primero colaboraciones con los otros actores. Sobre la
eficacia energética, por ejemplo, tenemos necesidad de escuchar a los expertos en
viviendas, en urbanismo y en transporte.

El CME podría así fomentar los foros, las conferencias y los coloquios sobre temas
precisos, con la preocupación de la pluralidad de opiniones. Debería desarrollar
asociaciones, fuentes de enriquecimiento mutuo.

De este modo podremos hacer surgir soluciones tecnológicas y organizativas, no sólo
pertinentes sino también compartidas. Así podremos organizar mejor el debate
necesario para lograr la adhesión de la opinión pública y de los encargados de tomar
decisiones, quienes a menudo están poco o mal informados.

3.3 El tercer eje es reforzar nuestra comunicación
¿Para qué sirve reunir a los expertos y publicar estudios, si no se los escucha o no se
los toma en cuenta lo suficiente?

Nuestra estrategia de comunicación avanza de modo indiscutible desde hace algunos
años. Hay que avanzar aún más, desarrollando por ejemplo una mayor reacción a la
actualidad energética.

Nuestra acción necesitará medios humanos y financieros; habrá que utilizar los
recursos actuales del CME (comités permanentes, oficina de Londres), pero también y
sobre todo, habrá que apoyarse en los comités miembros. Hay que reconocer la
especificidad del CME y la calidad de sus trabajos, acrecentar aún más la utilidad del
CME para sus comités nacionales y sus miembros. Los comités nacionales más
fuertes, mejor organizados y reconocidos, son en efecto una condición del desarrollo
del Consejo Mundial de la Energía y de la difusión de sus ideas.

Conclusión
Nos enfrentamos entonces a una nueva situación energética. En este contexto inédito,
estoy convencido de que nuestro Consejo tiene un importante rol que cumplir. Al
agrupar a los actores que van a estar en el centro del gigantesco esfuerzo de
construcción e innovación que requiere esta situación, cuenta con las competencias y
las experiencias necesarias. Además, puede asociarse con otras experiencias. En los
próximos meses me comprometeré a trabajar con ustedes para refinar mi percepción
de los desafíos venideros y las respuestas que podemos aportar. Creo profundamente

en el diálogo, en el intercambio, en el trabajo en equipo. Pero también creo firmemente
en la acción que debe venir a continuación, y que ellos ayudan a iluminar. El mundo de
la energia está cambiando y evolucionando. El Consejo Mundial de la Energía debe
ser un actor inteligente, abierto y flexible para contribuir plenamente a un desarrollo
energético sustentable.

Muchas gracias.

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